Sudeste Asiático, día 9: Chiang Rai.

Sudeste Asiatico, dia 9

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A pesar de que el día anterior había requerido mucho esfuerzo físico, nuestro entusiasmo continuaba intacto. Finalmente habíamos tomado algunas cervezas con mi compa de viaje, pero nada que impidiera despertar temprano y frescos como lechugas en continuación de la aventura.

El día nos deparaba, por fin, conocer otra de las perlas del norte de Tailandia, en cuanto a templos se refiere: El Wat Rong Khoun. Y, en el inter, conocer otras de las tantas cosas que habíamos escuchado al norte de Tailandia.



Si bien no estoy tan de acuerdo en tours en los que las actividades siempre están medidas con el tiempo, en esta ocasión si me pareció ser mejor idea, ya que el tiempo del que disponíamos era poco y el riesgo de perder algún bus (sobre todo el de regreso) era latente y peor, a más de 4 horas de Chiang Mai. Además, por haber comprado el tour en el mismo hostal el día que llegamos, tuvimos más descuentos.

El día nuevamente iba a comenzar temprano, aprovechar al completo el día. Ahora, nuestra guía, era una mujer con una cara sonriente siempre. Desde el principio sentimos buena vibra, aunque haya interrumpido nuestro desayuno. Ahora nuestros compañeros de viaje serían una mujer estadounidense, otra sudafricana, un grupo de españolas y nuestras nuevas amigas, un par de argentinas. Ah! Y una pareja de japoneses, pero ellos nunca hablaron y tampoco comprendimos su nombre. La diversidad me gusta.

La primera parada, más obligada que otra cosa, la realizamos en Sankampaeng.  Un lugar de aguas termales a unos 40 kms al norte de Chiang Mai. El calor que hacía más el agua caliente no era algo que acogiera demasiado mi interés. Sin embargo, decidimos descender de la van para tomar un par de fotografías. Resultó curioso ver como el turismo, principalmente asiático, disfrutaba el meter sus pies en las albercas con agua caliente. Otros, por el contrario, preferían cocer huevos (si, huevos) que se venden como “pan caliente” en las tiendas de souvenirs que abundan en la zona. Es una atracción tanto turística como comercial y, hasta me atrevería a decir, no imprescindible. Menos mal que duramos solo 20 minutos, y aún no eran las 10 am.

Después de casi una hora de trayecto, nos metimos a las montañas del norte de Tailandia, en esta ocasión a visitar la etnia Padaung, perteneciente a la minoría Karenni, quienes a su vez llegaron desde Birmania. Se trata nada más y nada menos que de las “Mujeres Jirafa”, un apodo que en lo personal me parece desagradable; situación que se agranda al observar el trato que se les da. Se trata de un asentamiento meramente turístico en el que normalmente se observan a mujeres; yo, al menos, no vi a ningún hombre viviendo acá, y es parte del “atractivo”. Además de una explicación detallada (aunque existen muchas hipótesis) de cómo viven estas aldeas y su sustento, las pequeñas casas están adaptadas 100% a la venta de productos y artesanías que ellos mismos hacen. Aproveché para comprar, pues en mi manera de pensar, de esta manera es como realmente se ayudan a este tipo de comunidades. El “atractivo” está en ver de una manera morbosa a estas mujeres que, entre más grandes de edad, mayor cantidad de aros tienen alrededor del cuello, lo cual provoca que les llegue a crecer en desmedidas proporciones.

Sankampaeng, Tailandia. 2016.

Estoy de acuerdo que es su tradición, sus razones tendrán para ello; pudimos platicar con un par de ellas y sus historias son fascinantes. Pero por otro lado se encuentran las personas que únicamente las ven con la intención de obtener una fotografía. En cuestión de enfoques yo opté por comprar e intercambiar un par de palabras con algunas de ellas; las fotos las dejé para los templos.

Fué precisamente aquí cuando notamos que un par de chicas argentinas se encontraban desorientadas, pues el inglés de la guía no era del todo comprendido por ellas. Servimos de traductor para algunas preguntas que ellas tenían y bueno, a raíz de ahí salieron algunos planes juntos en días posteriores.

El sol continuaba a tope, por lo que regresamos rápidamente a la camioneta para continuar. Era después del medio día. La siguiente parada, por fin, sería hacia nuestra cereza del pastel, el templo que quita aliento a muchos y vaya que no decepcionó: el Templo Blanco Wat Rong khun. Se trata de un templo budista contemporáneo, de ahí los detalles que parecen un tanto fuera de lugar. A pesar de ésto, es uno de los más visitados tanto por tailandeses como por extranjeros por su increíble color blanco.

El templo es distinto, mágico, impresionante y no dejará indiferente a ninguno de los visitantes. Las sensaciones que aquí se viven van desde la paz hasta la euforia; los detalles de caricaturas actuales lo hacen único, y las alusiones a las películas hollywoodenses con mayor razón. Los espacios dentro del templo son pequeños y no está permitido detenerse ni siquiera para tomar una fotografía; existe un señor que al son de un altavoz siempre grita no stop, move y no en repetidas ocasiones. La sala principal es comparada con el cielo, según su creador, y para llegar al cielo, primero tendrás que pasar por el sufrimiento que, en forma de un pequeño puente, Puente de la Reencarnación, se observan diferentes manos que le dan un ambiente demasiado tétrico y único.

Wat Rong khun, Chiang Rai, Tailandia. 2016.

Como todo tour, éste también nos tenía deparada una sorpresa. Desde un principio sabíamos que la comida estaba incluida, pero desconocíamos el mecanismo. Exactamente frente al templo blanco hay un restaurante; nuestra guía nos otorgó una tarjeta con 80 puntos (ni dólares, ni baths). La gran mayoría de platillos costaban 50 puntos, en los cuáles los podíamos cambiar. Las bebidas también costaban, en su mayoría 30 puntos. Si querías comer más y los puntos no eran suficientes, tenías que utilizar efectivo. Vaya estrategia ¿No? Era casi imposible estar satisfecho con las porciones que daban, así que mucha gente terminaba gastando más. Mi opción fue un delicioso Khao na pet (pato con arroz) que se llevó todas las palmas, además de un delicioso smoothie de fresa para calmar el calor extremo.

Aquí fué nuestro segundo acercamiento con nuestras nuevas amigas argentinas, pues temerosas se acercaron solicitando ayuda ya que la comunicación al solicitar su comida no estaba fluyendo del todo. Terminamos comiendo juntos y platicando un poco las experiencias del viaje.

El tiempo apremiaba, así que a las 13:30 pm debíamos partir hacia nuestra siguiente parada: La Casa Negra o Baan Dam Museum. Fuimos puntuales, y más vale que haya sido así, esperábamos igual o mayor cantidad de gente que en nuestra anterior parada. Este lugar es otro de los emblemas de Chiang Rai, principalmente por el índole arquitectónico.

La Casa Negra es, en realidad, un recinto de más de 30 cabañas, unas más grandes que otras, pero todas en color negro elaboradas de madera que les da un toque bastante tétrico. Las cabañas se encuentran decoradas con elementos, hasta cierto punto, extravagantes. Es fácil encontrar cráneos de animales, huesos de todo tipo, cuernos y, por supuesto, una cama adornada con piel y cabeza de oso. El artista detrás de ésto es tailandés, y ésta es su visión del budismo, razón por la cual a algunos les puede gustar, y a otros no. Sin embargo, es un lugar que se debe visitar para sacar las conclusiones propias. El acceso gratuito es un plus.

Poco después de las 3 pm partíamos hacia nuestra última parada, a poco más de 45 minutos. Honestamente yo no sabía qué esperar y, de hecho, nunca había escuchado alguna opinión al respecto. Al final fué una sorpresa muy agradable.

Baan Dam Museum, Chiang Rai, Tailandia. 2016.

Se trata de El Triángulo Dorado, la zona más al norte de Tailandia; tanto así que es frontera con Laos y Myanmar. De hecho, toma el nombre de la unión de estos tres países a través del río Mekong y por la cantidad de opio que era producida en esta parte del mundo. Los paisajes son espectaculares, llenos de selva y arrozales, con gente cruzando el río y yendo de un lado a otro. Ver la forma de vida que tienen los tailandeses a la orilla del río fue fascinante.

Nosotros teníamos incluido un paseo en bote que nos llevaría hasta Done Sao, una isla perteneciente a Laos en este importante río. Por razones que aún no comprendo, no llevamos con nosotros el pasaporte, cuestión que comenzó a dificultar nuestra visita exprés; nada que no se pueda arreglar por 50 baths por persona. De hecho, el pasaporte no pasa por ningún registro ni sello, es meramente informativo y nosotros cumplimos a medias. El trayecto en lancha es rápido, no más de 20 minutos de ida. Una vez en la isla tuvimos tiempo de ver cosas un tanto diferentes en el adaptado mercado para el que está preparada. Desde que llegamos pudimos observar gente pidiendo dinero, cuestión que en Tailandia no nos había tocado ver. En este mercado, además de artesanías y artículos de dudosa procedencia, es posible degustar licor añejado con diferentes animales, entre serpientes, roedores y, por supuesto, pene de tigre. No suena muy apetecible, pero pareciera ser que es de lo que más llama la atención en los visitantes. Yo, por supuesto, opté por una Beerlao para calmar el calor. La estancia aquí fué de poco más de 45 minutos, pocos pero fructíferos.

El regreso al embarcadero de Sop Ruak demora un poco más que la ida ya que se incluye un pequeño paseo a través del Mekong. Las vistas desde el río dan otra perspectiva del Buda Dorado que se encuentra del lado tailandés; además que el atardecer ayuda a que las vistas sean aún mejores. Cayendo la tarde llegamos a Golden Triangle Park, para apreciar el Buda Dorado y las construcciones que lo rodean, elefantes de diferentes tamaños y adornos dedicados a la familia real. La vista más representativa se encuentra en la zona alta, donde se puede apreciar la frontera natural de los tres países. Vaya manera de terminar el tour!

Nuestra amiga guía fué sincera, después de tantos recorridos en los que cada parada nos fué llevando más al norte, el regreso en la camioneta iba a ser incómodo y largo; casi 4 horas sin parar hasta Chiang Mai. No teníamos de otra, el cansancio me hizo dormir casi todo el trayecto.

A las 21 hrs, casi en punto, llegamos a nuestro hostal en Chiang Mai. El día había rendido demasiado, y un poco el cansancio aquejaba. Pero era más nuestra hambre. Dado que la ciudad se presta para caminar, decidimos ir hasta la zona norte de la muralla. Al principio no sabíamos qué comer; el antojo por comida mexicana nos ganó (y pecamos). Entre toda la variedad a nuestra disposición, llegamos a El Diablito’s burritos a degustar una quesadilla con mucha crema(quien sabe porqué) y tacos que no emulaban mucho a los hechos en México, pero se cumplía el cometido de recargar pilas para el siguiente día.

Presupuesto diario

  • Tour full day: $1300 baths.
  • Ingreso a Laos: $30 b
  • Salida a Laos: $100 b
  • Cerveza en Laos: $40 b
  • Cena: Burrito $ 190 b

Sudeste Asiático, Día 9.

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