Sudeste Asiático, día 5: Ayutthaya.

Ayutthaya Portada

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Así fué, con residuos de jetlag nos despertamos a las 6 am. O ¿Quizá eran ganas de continuar el viaje? Sea lo que sea, de un almohadazo interrumpí los ronquidos de mi amigo. Vámonos! – le dije. De un brinco yo tenía todo listo, mientras él terminaba de despertar.

7:30 am. Estábamos dejando el hostal, al que días después regresaría en un par de ocasiones. Maletas en mano, comenzamos a caminar. El mismo grave error en el tercer día consecutivo. Seguíamos de confiados con los mapas. ¿Porque no entendemos?



Muy cerca del hostal, en el Monumento de la Democracia pasa el bus 159, teóricamente. No sé si fué por los sentidos de la vialidad, despistes de nosotros o un conjunto de todo, pero nunca encontramos dicha parada. No encontré el sentido en que deberíamos de tomarlo. Así caminamos sobre Dinso Rd en lo que creíamos, era dirección a Hua Lamphong Train station. Comenzaba a hacerse tarde así que, después de pensarlo por 3 días, decidimos comprar el chip. Era algo que hacía días debimos haber hecho.

Las SIM card se venden como pan caliente en todos los 7eleven del país, ofrecen principalmente el acceso a internet 3G y algunos baths para llamadas a todo el mundo. El uso de la telefonía realmente es barato, el saldo del chip que compramos permitió realizar varias llamadas tanto nacionales a hostales cómo mundiales a México. Nosotros decantamos por TrueMove, las hay de varios precios dependiendo de la cantidad de MB, fecha de expiración activada, etcétera. Para adquirirla es necesario presentar tu pasaporte ya que se da de alta a tu nombre por cualquier uso indebido que se realice con ella. Optamos por pagar 299 baths por internet ilimitado durante 7 días y 100 baths de crédito para llamadas. Las recargas pueden ser realizadas por internet una vez expirada la vigencia a un precio más económico.

Chip en mano, tomamos taxi. Así de fresca y coherente era nuestra lógica. Lo que menos queríamos era perder tiempo, el destino era Ayutthaya y solo de pensarlo se me enchinaba la piel. Me imaginaba entrenando Muay Thai como Van Damme.

Ir de Bangkok a Ayutthaya

Después de regatear como expertos con el chofer del tuk-tuk, nos llevó por 140 baths, luego de haber iniciado en 200. Nos pareció excesivo, pero el tiempo estaba encima. 10 mins después estábamos entrando en la estación de trenes. Eran justo las 8:17 am.

El próximo tren era el express con salida a las 8:20, justo a tiempo. Por lo que habíamos leído en blogs y foros, el precio no esperábamos tan alto, 245 baths, pero era de segunda clase y supuestamente más rápido que los otros baratos, decidimos pagarlo. Una persona en los andenes nos ayudó a localizarlo ya que todo fue cuestión de minutos. Entramos por la tercera clase sin saberlo, y nos sentamos, hasta que alguien nos dijo que podíamos pasar a segunda. Daba igual, queríamos llegar rápido por nuestros planes. Segunda clase si era más cómoda y nos dispusimos a disfrutar del viaje hasta Ayutthaya.

Con puntualidad inimaginable, llegamos a las 9:40 a la estación de trenes. Apenas descendimos, la cantidad de tuk-tukeros que se nos acercó era mucha.  Todos traen en mano el catálogo con las fotos de los lugares a visitar dentro de esta ciudad; dependiendo de la cantidad deseada, es el costo de la renta. Como saben que serán regateados, el precio es no elevado, sino lo que le sigue. Comenzó en 800 por 4 lugares, después bajó a 600 y por 6 lugares. Esa era la cantidad que haríamos, pero queríamos realizarlo en moto y por nuestra cuenta. Y dale con las pésimas decisiones viajeras.

Nuestra Aventura en los templos de Ayutthaya

Así cruzamos caminando la avenida para poder comer algo ya en los puestitos adjuntos. Y vaya acierto, comí el mejor “Fried Chicken” de todo el país, acompañado de un caldo, arroz y una salsa agridulce exquisita; todo por 50 baths, además de un pineapple shake por otros 25 que en conjunto acabaron por instante con el hambre y con el calor abrumador.

Caminamos unos 20 metros sobre esa avenida perpendicular a la estación de trenes, hasta  Nukool Guesthouse. Pudimos negociar el precio por la moto para dos personas por 150 baths todo el día más el consumo de la gasolina. Ahí mismo nos regalaron un mapa, nos marcaron los puntos más interesantes de la ciudad y nos permitieron guardar el equipaje sin costo adicional. Se portaron excelentemente bien. Comenzó nuestra aventura en moto.

Después comenzaron las peleas, mi amigo decidió manejarla pero quería que yo no me moviera como copiloto, cuando a mi me daba miedo por su nulo conocimiento como conductor, aunque él alegaba conocerlas a fondo a este y otro tipo de motos en todo el mundo. Nos dimos unos golpes, nos gritamos y al final, continuamos. Lo quiero mucho.

Al salir a carretera, nuestra primer pérdida del día y no variar. Esto de los sentidos viales nos afectó más cuando nosotros tuvimos que manejar nuestro propio vehículo. Algo normal. Bueno, no tanto, porque avanzamos más de 200 metros en sentido contrario. Dimos la vuelta al mapa y regresamos a “la ruta” justo para el otro lado.

Ayutthaya, si lo quieres ver así, es un círculo (o cuadrado) limitado naturalmente por varios ríos, entre ellos el mismo Chao Phraya que atraviesa Bangkok. La mayoría de templos y lugares por visitar se encuentran dentro de éstos límites o muy cerca, perfectamente transitables en motocicleta, bicicleta o tuk-tuk. Así comenzamos a rodear la ciudad.

Durante el trayecto encontramos Wat Jao Prab, que desconozco si tiene algún costo la entrada, pero nosotros nos brincamos por una barda caída y pudimos ingresar con la moto, no había ningún turista ni cobrador. Si bien las construcciones y ruinas no son lo mejor del Reino de Siam, nos daría una introducción a lo que nos esperaba en nuestra aventura. Demoramos apenas unos 20 minutos.

Continuamos la ruta en el circuito con algunos puntos marcados en nuestro mapa obtenido al rentar la moto. Después de algunos despistes gracias a, ¿Ya dije que los mapas son malos?, los mapas, llegamos a realmente la primer zona arqueológica majestuosa. Increible. Mejor de lo que yo nunca imaginé: Wat Chaiwatthanaram. Aún sin tanta gente, pero muchos haciendo lo que nosotros, en moto y otros en tours un poco más privados. Muchos llegan desde Bangkok. La entrada costó 50 baths por persona y la recorrimos en no más de 30 minutos con sesión de fotos incluida.

La aventura continuó con nuevos despistes entre calles que no estaban marcadas en los mapas y en 20 minutos llegamos hasta Wat Lokayasutharam: el Buda reclinado de Ayutthaya. Con su espectacular manta de color amarillo cubriendo casi la totalidad de su cuerpo fué uno de los monumentos que más captó mi atención a pesar de estar construido en cemento y no en algún otro material. Decidimos no ingresar hasta verlo de cerca, sino un poco más alejados desde la carretera a unos 20 metros.

Al intentar continuar decidimos preguntar a uno de los tuk-tukeros sobre nuestro siguiente destino; desafortunadamente se hizo el que no nos entendía en inglés, así que continuamos con otro, y con otro, en toda la aglomeración y todos hacían oídos sordos. Eso nos decepcionó un poco, ya que al parecer no nos querían ayudar, pero no así un grupo de policías quienes nos escucharon un tanto desesperados. Amablemente nos preguntaron sobre el lugar que buscábamos, y en menos de 10 segundos nos dijeron “Súbanse a su moto, nosotros los llevaremos”. O eso creímos, así que ni tardos ni perezosos corrimos. Era menos de 1 km entre calles inexistentes en los mapas que tal vez, bajo nuestra búsqueda, hubiésemos demorado al menos 20 minutos en localizar. Al final nos pidieron algunas fotos pues creo que sirven como algún tipo de evidencia para sus labores. Su ayuda fué enorme.

Así llegamos rápidamente a Viharn Phra Mongkol Bophit, un palacio con gran semejanza al Palacio Real de Bangkok con una arquitectura impresionante pero aún más lo es su Buda de casi 10 metros de ancho y más de 12 de alto y data de hace 500 años. Por supuesto, es necesario descalzarse y vestir de acuerdo al lugar, nos sirvió un poco para descansar y continuar admirando al mismo tiempo. Por un momento una nube densa tapó el sol pero fué completamente fugaz. No existe cobro por el ingreso, pero es posible realizar una ofrenda a través de vasijas color negro que se encuentran en la entrada, para las cuales puedes ir depositando monedas de una a una en cada.

A no más de 300 metros se encuentra Wat Phra Si Sanphet, uno de los símbolos más importantes de Ayutthaya. Se encuentran, principalmente, 3 chedis o estupas restauradas y que originalmente contenían las cenizas de 3 reyes del antiguo Reino de Siam. Las ahora encontradas son restauraciones realizadas a partir del año 1956. Se trata de un templo de la Familia Real, en él no vivieron monjes ni podían ingresar sino era por invitación. Resultó ser uno de los templos con mejores vistas durante todo el día. Ampliamente disfrutable.

Desafiando mis miedos y adrenalina de subir escalones tan pequeños, subí a una de las estupas y poder ver un poco el interior de una. Increible. No sabíamos que tenía costo e intentamos entrar al mismo tiempo que éramos detenidos de manera un tanto brusca por una mini multitud; tuvimos que pagar otros 50 baths por persona para disfrutar completamente.

Aprovechamos un poco para perdernos entre la gente: turistas y vendedores de postales para ser exactos. Aún así el tiempo estaba medido: eran casi las 2 pm cuando dejamos el lugar.

Tomamos nuevamente nuestra moto para ir al siguiente lugar, ese que me tenía con tantas expectativas por ser una de esas caras de Ayutthaya. Imaginar Ayutthaya sin éste lugar me es imposible. Después de batallar un poco con el mapa, poco a poco nos comenzábamos a familiarizar con la ciudad, recorrerla iba siendo más sencillo. Cada cuadra en el mapa eran como 3 en la vida real. O más, o menos. 10 minutos nos bastaron para recorrer los casi 2 kms entre un complejo y otro.

Otros 50 baths costó el ticket de entrada a Wat Maha That. Tal vez lo recuerden por esa imagen de Buda entre las raíces de árboles. Si, todos la conocemos. O, en su defecto, por haber sido uno de los escenarios principales del rodaje de la película Contacto Sangriento de Jean Claude Van Damme. Si, es verdad, en la peli aparecía desolado. En la vida real siempre hay gente, y más en el horario en que nosotros llegamos.

El templo es amplio, con diferentes construcciones en las que sobresale el ya mencionado Buda de las raíces. Data del siglo XIV y que, al igual que la mayoría de templos de la capital de Siam, quedó abandonado después de la invasión Birmana. Una vez iniciados los procesos de recuperación fué encontrada esta reliquia que, dicho sea de paso, nadie sabe cómo llegó ahí. Todo lo que se diga son especulaciones. El lugar además ofrece otros lugares con arquitectura al estilo de Ayutthaya quien a su vez se basa en la típica arquitectura Khmer Camboyana.

Tiempo de regresar a nuestra amiga inseparable, casi como La Poderosa del Che Guevara, pero más fea y más vieja. Aprovechamos para hidratarnos ya que la comida continuaría esperando para más tarde. Solo nos restaba un lugar de los marcados en el mapa, por infortunio era el más alejado pues se encontraba fuera de los límites principales de la ciudad. Aún así, estábamos decididos a llegar. Emprendimos el vuelo con mucha esperanza. Mucha. Esquivando coches, inventando calles, nerviosos y perdidos como pocas veces. Una vez más. Recuerdo al menos 4 paradas para revisar el mapa. Esa esperanza inicial se iba convirtiendo en frustración. Era totalmente lógico después de las experiencias de todo el día. Llegamos a salir de la ciudad, allá donde las avenidas ya son grandes, de varios carriles y donde sí sentí un poco de miedo por andar en la Poderosa, disminuida a La Miedosa. Después de todo no fué tan complicado llegar; a manera que nos acercamos, pudimos percatarnos que las construcciones y edificios sobresalen de las casas y sirvieron un poco de guía al menos para la dirección.

Llegamos a Wat Yai Chai Mongkhon. Otro de los imperdibles de Ayutthaya, pues data del siglo XIV, está increíblemente bien conservado y es parte del Parque Histórico de Ayutthaya, aunque se encuentre un tanto alejado. Además de también poseer una figura de Buda reclinado, su rasgo característico es un Chedi de 62 metros de altura que fué un monasterio real; las vistas desde acá son espectaculares. El templo Yai Chai Mongkhon también posee una gran cantidad de esculturas de Buda que con sus telas en color amarillo brindan un toque diferente al lugar. No sé si fué por la hora, pero la taquilla se encontraba cerrada y no pagamos un solo peso (o bath) por ingresar; y de todos los complejos visitados durante el día, fué el más concurrido.

El susto antes de dejar Ayutthaya

Comenzaba a caer la tarde por lo que decidimos regresar a la estación de tren, entregar “La Miedosa” y, quizá, comer algo. En ese entonces no sabíamos la aventura que apenas comenzaba. No eran ni las 5 pm – Es temprano – nos repetimos el uno al otro, siempre positivos. Ilusos.

Al entregar la motocicleta y recoger nuestras pertenencias, sabíamos que era necesario comer algo para poder continuar nuestro viaje. Así que, mientras yo disfrutaba una deliciosa sopa Tom Kha Gai, se unió a la conversación la dueña del hotel. – ¿Hacia dónde se dirigen? – Fue la pregunta que destapó todo. Hacia Phitsanulok! – respondimos casi al unísono. Seguíamos despreocupados.

– Y se irán muy tarde, entonces … – Preguntó nuestra amiga tailandesa.

– Es buena hora ¿No? La idea era ir a Lopburi, pero creo que ya no alcanzamos.

– Considerando que quizá el tren será hasta por la noche, y hay al menos unas 4 horas hasta Phitsanulok, yo creo que si es tarde.

Estaría de más describir nuestra cara de sorpresa al mismo tiempo que deseábamos no haber ordenado comida. El tiempo comenzó a pasar lento, pero de prisa. Terminamos rápidamente nuestro platillo y huimos. Al llegar a la estación encontramos que el próximo tren partía a las 7:45 pm, casi 3 horas de espera. La broma continuaba en todo su esplendor.

Bueno, tenemos tiempo. Debería haber otras formas de llegar temprano ¿No? Decidimos pagar un tuk-tuk (120 baths) para ir a una terminal de autobuses: Northbound Bus Station. Desolada. No era lo que esperábamos por estar en una calle abierta y sin mucha pinta de terminal. Con mentalidad positiva me acerqué y en un mal inglés sólo me confirmaron mi más grande temor en esa parte del día: el próximo autobús hacia Phitsanulok sale a las 9 pm. Conociendo la puntualidad tailandesa, imaginé que saldría casi a la media noche. Ya era demasiado para una broma. Era lógico que nuestro tuk-tuk no estaría esperando, así que cuando regresé con mi amigo, las noticias no eran esperanzadoras. Estábamos “quien sabe dónde” y sin plan b.

Caminamos 10 metros y nos detuvimos. Muchas preguntas en nuestras cabezas y una cara peor, seguramente. ¿Y ahora? Volvimos a caminar con la frente en alto, estoicamente. No sé en qué momento una persona de un coche comenzó a hacernos preguntas, primero a mi amigo y después me uní. No eran en ni inglés, tampoco en español. Nadie entendía nada, pero nuestro semblante lo decía todo. Él, un muchacho de unos 18-19 años, nos dijo que subieramos a su coche; entendimos que quería ayudarnos.

Como pudimos, le explicamos nuestro problema, y nos llevó a una estación en la que podríamos encontrar un transporte sin tener que esperar a las 9 pm. Sin éxito. Dimos otra vuelta, igual. Llegamos a un mercado dónde estaba seguro sería la mejor opción, nada. Así por más de 30 minutos.

Mientras él escuchaba pop tailandés en su auto, nosotros imaginamos si éramos parte de un malévolo plan. Él cantaba mientras nuestra preocupación se incrementaba. La gente, a quienes él mismo les preguntaba en un tailandés fluido, sólo le daban señas. No sabíamos lo que realmente pasaba, hasta que llegamos a un lugar. – ¿Pero qué demonios? – Nos preguntamos. Era el mismo lugar de dónde habíamos partido, pero por otra calle. Hasta él mismo se sorprendió, y nosotros adivinamos cuando se dijo así mismo – Que loquillo estoy -.

Como último intento, antes de pasar a la parte donde nos desmayamos, optamos por traducirle en el celular que por favor queríamos ir a la estación de tren, mientras él, sacando su cartera, intentaba darnos dinero. Uff! Ya no estaba claro cuál de las dos partes estaba más preocupada. Él ya no era tan sonriente.

Como si eran sus rumbos (aunque no lo pareciera), avanzó unos metros en su carro con nosotros dentro e hizo unas señas. Un muchacho salió de una casa y se subió en la parte de atrás del carro, justo a mi lado. No recuerdo un saludo, más bien su gesto era de desaprobación. En menos de 10 minutos ya estábamos en la estación de tren y apenas nos bajamos, él se arrancó. Nadie entendía nada.

¿Recuerdan la señora que nos llevó en el tuk-tuk? La encontramos de nuevo. Ella si que nos sonrió y solo atinamos a decirle – Así pasan las cosas, no encontramos autobús. Aunque seguramente ya había pasado más de una hora de eso. Una larga y desesperante hora.

Corrimos a comprar los tickets del tren, ya no existía otra opción. 485 baths en segunda clase. Por nuestra aventura, ya era mucho menor el tiempo que tendríamos que esperar hasta la salida. Claro, si fuese puntual.

Ya que contábamos con una reserva para el hostal en Phitsanulok, decidí llamar por teléfono. Era nuestra obligación para que la reserva no se fuese a cancelar. No quería más sorpresas por el resto del día. Considerando horarios, no esperábamos llegar más tarde de la media noche.

El tren tendría que salir 19:45, eran las 21 horas y nosotros estábamos en la estación esperándolo. En poco tiempo perdimos todo sentido de sorpresa durante el viaje, o al menos durante ese día. En cuanto llegó, lo abordamos. Por fin pudimos descansar un poco. Seguramente era el cansancio, pero de no haber sido por un agente de la tripulación, nos hubiésemos ido hasta Chiang Mai, pero ese no era el plan. No de ese día, por lo menos.

Al descender del tren no tuvimos el mejor escenario. Mi amigo y yo fuimos los únicos en bajar. Y claro, era más de la 1 am, no había taxis. ¿Mayor adrenalina? imposible. Caminamos verdaderamente como personas desencajadas de la realidad. Pasamos el mercado mientras las personas limpiaban los locales echando agua al piso e impregnando el ambiente con esa aroma de carne y pescado crudo. Oh si! Era eso lo que faltaba. Me sentía como joven en su mejor época saliendo de un bar a esa hora, caminando sin rumbo y con 5% de batería en el celular. La dirección de nuestros pasos parecía la correcta.

Estando sobre la calle que marcaba la dirección del hostal, solo una luz encendida a esa hora parecía ser nuestra esperanza, faltaban unos 200 metros. Cuando faltaron 100, la luz se apagó, mientras que una persona dejaba el lugar en una bicicleta y parecía acercarse a nosotros, pero se fué de largo. Si, en esa luz estaba nuestro hostal, pero ahora no había nadie. Al parecer dormiremos en la calle.

No pasaron ni 5 minutos, cuando la misma persona regresó a encontrarnos. ¿Francisco? – Preguntó. – Yo soy la encargada del hostel, estaba muy preocupada por ustedes, dijiste que a la medianoche llegarían, y ha pasado mucho tiempo. – Me lo dijo en un tono que nos reconfortó. Realmente lucía asustada. Me dió mucho gusto verla, aunque no la conocía.

Presupuesto diario

  • Taxi a estación de bus: $140 baths
  • Tren a Ayutthaya: $245 b
  • Desayuno: $75 b
  • Renta de motocicleta: $150 b
  • Entradas: $200 b (50 b por cada templo).
  • Comida: $80 b
  • Tuk tuk a terminal de bus: $120 b
  • Tren a Phitsanulok: $485 b

Ayutthaya

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