Perú, día 8: Arequipa y su Campiña.

Perú, día 8. Portada

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Después de un viaje en Cruz del Sur por poco más de 5 horas y, en el que viví de todo cuando la gente intentó bajar a un vendedor que hablaba hasta por los codos, llegué por fin a Arequipa. Comencé a sentir cansancio. Del chido.

El frío no era tan extremo como en Puno el día anterior, pero aun así se dejaba sentir. Me dediqué a caminar por las calles, la ciudad es extremadamente hermosa de noche.



Al amanecer me dolía todo el cuerpecito pero aun así tenía preparado un tour para conocer lo principal de la ciudad, La Campiña esperaba por mi. Impresionado por el gran parecido que Arequipa (también llamada Ciudad Blanca) tiene con la ciudad mexicana de Morelia, di otro mini recorrido de la ciudad a muy temprana hora, poca gente había sobre las calles a esa hora; la vista se engalana con la catedral de Arequipa y sus imponentes torres.

Como buen tour, se debe incluir la visita a algún mirador, así que llegamos a Yanahuara, a solo 2 kms del centro de Arequipa. La vista de los volcanes Chachani, Misti y Pichu Pichu desde este lugar es espectacular. En este barrio pintoresco se encuentra la Iglesia de San Juan Bautista del año 1750.

De ahi partimos hacia la Mansión del Fundador, ubicada a poco más de 6 kms de Arequipa, que data del siglo XVI y ahora convertida en museo. De toque colonial representa la arquitectura civil Arequipeña en todo su esplendor. Es posible encontrar salones, habitaciones, una cocina y hasta una capilla con toda la elegancia del virreynato. Es uno de los lugares más visitados en Arequipa.

Antes de concluir, pasamos a otro de los emblemas de la ciudad, El Molino de Sabandia, otra de las joyas de la arquitectura Arequipeña. De pie y perfectamente funcional molino hidráulico desde el año 1621. Además abunda la vegetación y fauna (vicuñas, llamas y alpacas) típica de la región.

Todo buen tour debe terminar en una rica comida, no es mi lema, pero podría serlo. Y así llegué a Restaurante Las Terrazas, en lo más alto de uno de los portales laterales de la Plaza de Armas de Arequipa. Con una vista inmejorable del centro de la ciudad y su Catedral. Nada era mejor en ese momento que un ricoto con pastel de papa y, por supuesto, varias cusqueñas. Paz desde las alturas.

Si debo aceptar algo que me faltó en este viaje, fué la visita al Monasterio de Santa Catalina, otro de los imperdibles de la ciudad que yo si me perdí. Suena perfecto a pretexto para regresar a esta ciudad.

Tuve muy poco tiempo para regresar al hostal, darme una ducha rápida y poder partir para la terminal de buses. Nuevamente viajaría toda la noche, ahora para cumplir otro de mis sueños: Nazca.




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Compita Viajero

Informático de profesión y viajero por gusto propio. Con gran pasión por México, pero infinitamente enamorado del mundo. Con gusto por la fotografía y el escribir, por descubrir todo aquello diferente.


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