Perú, día 6: Valle Sagrado de los Incas.

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Aun no terminaba de asimilar mi sueño cumplido y después de poco dormir causado por el exceso de cansancio y las alucinaciones aun presentes por las magníficas vistas que había tenido un día anterior, era necesario seguir la travesía Cusqueña.

Con dolor de todo mi cuerpecillo pero con sonrisa de oreja a oreja, tengo un nuevo amanecer helado en el hostal de Cusco. El itinerario continuaba en El Valle Sagrado de los Incas. Aproveché mi BTC que incluía todos los lugares que planeaba visitar ese día.



Yo opté por tomar un bus que haría todo el recorrido sin tener que perder tiempo por los lugares más importantes del Valle Sagrado, sólamente se paga el bus que incluye una comida tipo bufette y para las entradas se utiliza el Boleto Turístico. Comienza a primera hora y nos detenemos en Cora. Por increible que parezca, aquí tomo mi prmer té de coca, que tiro rápidamente. No, no me gustó ni tantito. Tampoco me hacía falta, así que fué mera curiosidad.

A los pocos minutos de dejar Cusco, los paisajes que hicieron trascender todos estos lugares en la historia americana comienzan a hacerse presentes. Llegué a Pisaq. Hacia lo alto del cerro, se ve la antigua ciudadela con su esplendorosa zona de Andeneria Incaica en forma de semi-círculos característica de este lugar y algunos otros cercanos. Una belleza vista desde el actual pueblo de Pisac. En la cima, un recorrido muestra un cementerio con un aproximado de 5,000 tumbas sobre un acantilado lo cuál denota una gran importancia de este antiguo poblado en toda la cultura Inca. Al descenso, un pueblo con el mismo nombre nos muestra un importante mercado artesanal antes de continuar hacia Urubamba. Yo estaba maravillado, estaba resultando otra gran sorpresa mi tour por el grandioso Valle Sagrado de los Incas.

Media hora más tarde, nos encontramos en Urubamba. Nos tomamos un tiempo para degustar un rico almuerzo tipo bufete novo-andino; entre ricoto y papa, el tiempo pasa deliciosamente rápido. El pueblito es pintoresco pero nada más. La visita era únicamente para la comida y seguir.

Alrededor de las 3 pm, ya nos encontrábamos nuevamente en Ollantaytambo que, aunque yo ya habia estado las noches anteriores por encontrarse en la ruta CuscoMachu Picchu, no pude conocer más allá de la estación de tren. Se trata igual de un pueblito pequeño pero impresionantemente lleno de historia. Con una zona arqueológica que impone, como se aprecia en las fotos. Bellas tomas desde cualquier ángulo. Sufro de vértigo, pero por mi estancia en este lugar la pude olvidar, existían tomas que era obligatorio realizar. Al igual que Pisaq, la meta es llegar hasta la cima. No es complicado llegar, pero suma todos los factores, llegué de milagro. El templo del sol esperaba impacientemente por mí. Lo veo y aun me impresiona la exactitud de la arquitectura inca.

Al descenso me encontré con un Huichol, auténtico mexicano, no saben lo bien que me sentí. Creo que salió una lágrima de mi ojo derecho de la emoción. El atardecer siempre da un toque nostálgico a los lugares místicos. Justo a las 5 pm salimos hacia Chinchero por dos razones: La iglesia se cierra temprano y 2, hace un frío de miedo.

Afortunadamente la primera no se cumplió, llegamos 5:35 y aun estaba abierto. Pero la segunda vaya que cumplió y con creces. Chinchero, a 0 grados y una altura de 3800 msnm. Frío del feo !! sumando que la luz solar comenzaba a desaparecer, el ambiente era aun más extraño. Con una Iglesia dedicada a Nuestra Señora de Monserrat (actualmente llamada Señora d

e la Natividad) que, en contraste con el sol que comienza a ocultarse, brillaba por su majestuosidad. Construida en el siglo XV y teniendo como base grandes piedras de una antigua zona arqueológica Inca, ésta era una manera de decirle a los antiguos pobladores lo que comenzaba a ser su nueva doctrina y su imposición.

Mis días eran largos, con mucha actividad. A pesar de que ya la noche estaba iniciada, tuve que regresar a Cusco para tomar un baño y poder continuar (si, toda la noche) mi viaje hasta Punto. Mi día tomaba un break, El Valle Sagrado había sido toda una aventura y mi día estaba lejos de terminar.




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Compita Viajero

Informático de profesión y viajero por gusto propio. Con gran pasión por México, pero infinitamente enamorado del mundo. Con gusto por la fotografía y el escribir, por descubrir todo aquello diferente.


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