Por Europa. Dia 3: Recorriendo Roma.

Panteón de Agripa

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No sé si era la emoción o la descompensación de horario, o más seguramente, una mezcla de ambas, pero a las 5 am yo ya me encontraba despierto. Con ganas de salir y perderme en las calles de la ciudad. Mi esposa es mucho, muchísimo más dormilona que yo, así que ese era el primer inconveniente. Así que como buen esposo, le daba ligeras palmadas para que se despertara; era inútil, estaba demasiado cansada. Fué hasta las 7 am que dió señales de vida, eso para mí ya era tarde. Como pudimos nos dimos una ducha en el mini baño del hostel y exactamente a las 8 am salimos a la calle. Decepción !! Que calle tan más sucia. Seguro porque es Domingo y ayer la fiesta estuvo buena. Entramos a la estación Vittorio Emanuele, e igualmente sucia. No haré el cuento más largo, Roma es una ciudad muy sucia a mi parecer. Y lo peor, la gente va caminando y va tirando su basura y colillas de cigarro, es una verdadera pena por tan importante ciudad.

Antes de iniciar nuestro viaje, hice un listado de lugares que si o si tenía que visitar. Por los tiempos y distancias, decidimos comenzar en el Castillo Sant’ Angelo. Los boletos los adquirí vía internet por 8€ (7 por la entrada y 1 por la reserva). Y vaya que fué buena decisión, el boleto incluí mi hora de entrada (9 am) y podía permanecer el tiempo que yo quisiera. Para llegar a la fortaleza, tomamos el metro en la ya conocida estación Vittorio Emanuele en dirección a Battisini y bajamos en Ottaviano, que es la estación más cercana a El Vaticano. Recorrimos caminando por Via Ottaviano hasta Piazza del Risorgimento y Via di Porta Angelica hasta la plaza de San Pedro, la cual rodeamos por la izquierda y giramos en Via della Conciliazione, en algunas cuadras la edificación se hace visible.



Al tener reserva, cero filas, por lo que no perdimos tiempo antes de comenzar a admirar aquella fortaleza de 48 metros dividida en 4 niveles con torreones en las 4 esquinas, a veces en sus inicios como mausoleo, otras como fortaleza militar y hasta como residencia papal. Me encantó. Comenzamos muy bien la ruta por Roma. Se llega a la estatua de San Miguel en la cumbre en un aproximado de dos horas. Las vistas que se tienen desde lo más alto son impresionantes, por un lado la Roma histórica con cúpulas por todos lados, el Río Tíber y El Vaticano con El Passetto recorrido infinidad de veces por papas a lo largo de la historia. Robert Langdon y Vittoria Vetra también lo recorrieron.

Con mapa en mano, caminamos por Ponte Sant’ Angelo hasta Piazza di Sant’ Angelo en busca de Piazza Navona. Es verdad, en el mapa se ven más cerca los lugares. Después de caminar aproximadamente 25 minutos, por fin la encontramos. Imponente como ella sola con sus 3 impresionantes fuentes, siendo la principal la central, la Fuente de los Cuatro Ríos, obra del mismísimo Gian Lorenzo Bernini. Tan solo verlas hacen que la imaginación vuele, te transportas y disfrutas.

Caminando y cerca ya del mediodía, continuamos por las estrellas calles de Roma en búsqueda de otro de lo que serían mis lugares favoritos de Roma: El panteón de Agripa. Construido sobre las ruinas del templo construido por Agripa en el siglo I y que después fué reconstruido ya como panteón por Adriano en bellísima forma circular, con sus columnas romanas como fachada principal y su cúpula apenas visible desde el suelo. Desde fuera no se percibe la inmensidad de los interiores, con la cúpula en su interior con finas decoraciones y un óculo de 9 metros por el cual la luz ingresa al panteón dándole un misticismo de por si, increíble.

Si algo tiene Roma es que, gracias a la cantidad inmensa de Iglesias y monumentos en sus calles, puedes encontrar una cantidad de arte donde menos lo esperas. No era nuestro objetivo hacer una parada en la Iglesia de San Ignacio de Loyola del siglo XVII. Con un fresco en el techo de la nave que me dejó perplejo. Da la sensación de realmente estar observando a personas desde abajo, con juegos de sombras y movimiento. De esos tesoros que no tan escondidos tiene Roma, pues se ven opacados por otros lugares con mayor publicidad y cantidad de turistas.

Así llegamos hasta Via del Corso, que era nuestra referencia para encontrar la tan ansiada Fontana Di Trevi. Y digo ansiada, porque eso era, y nunca pasó de ahí. Tuvimos el infortunio de encontrarse en remodelación, así que de fuente no tuvo nada. No agua. Las esculturas si, pero opacadas por las herramientas y andamios que impedían, al menos, verla. Así que fué la primer decepción, aunque ya me lo temía por lo que había leído en semanas anteriores al viaje. Aún así la gente hace fila para arrojar su moneda con la esperanza de regresar a Roma y otras, un poquito más desesperadas, de casarse con un italiano(a). Aprovechamos para la foto, si, pero no es algo que recordaré del viaje.

Ya un poco pasado el medio día y sobre las 2 pm decidimos hacer una pausa para comer algo y regresar con una cerveza, ya que en Roma encontramos un calor bastante cargado y que por la hora del día, calaba un poco más. La ciudad no me pareció del todo cara, sino dentro de lo que yo personalmente me esperaba: Una pizza personal ronda los 9€, un refresco oscila los 3.5€ y agua alrededor de 2.5€. Las pastas o platillos más elaborados van de los 12 a los 18€ y la cerveza de medio litro 6€.

Las fuentes de Roma con agua potable es verdad, así que al menos en agua podrás no gastar. En muchas calles de la ciudad se encuentran pequeñas fuentes (un poco maltratadas y de color café no muy higiénico) que emanan agua potable, ya sea que te acerques a refrescarte la cara y beber un poco, o simplemente rellenar esa botellita de PET que hace 1 hora estás cargando y no sabías dónde tirar. Si puedes ahorrarte 2 euros ¿Porqué no?.

Claro, los precios varían, pero ésta es lo que yo considero la media. Siempre existirá la manera de economizar si decides por tu mismo cocinar en el hostal o buscar lugares más baratos pero que, para nosotros, nos teníamos que desviar mucho de la ruta planeada o gastar en metro, por lo que al final haciendo cuentas, no era un ahorro significativo. Por la comida del día domingo incluyó una pizza caprichosa para mí, spaghetti con mariscos para mi bella esposa, cerveza de medio litro, agua mineral para compartir y coca-cola para ella. Todo por 38€.

Continuamos la ruta hacia el siguiente destino: Piazza Di Spagna. Demasiada gente, y por todos lados. En realidad en Roma hay mucha gente siempre, pero acá fue donde más tuvimos la mala suerte de encontrar además de gente que te intenta obsequiar (y después vender) principalmente rosas. La plaza toma el nombre por el Palacio de España y sede de la embajada española ante la Santa Sede, ubicada en esta plaza. Posee una escalinata de 135 peldaños, la cual se disfruta poco pues la gente suele utilizarla para sentarse y tomar un descanso. Si no pisas a alguien en tu subida, fracasaste subidor de esta escalera. En la parte de abajo se encuentra la Fontana della Barcaccia, obra de Pietro Bernini, padre de Gian Lorenzo.

Por cuál era nuestro siguiente destino, tuvimos que subir escalón por escalón y aprovechar para tomar algunas fotografías con una vista muy bonita desde lo más alto. Desde donde continuamos a lo que fué una anécdota de todo el viaje. Pasamos por Villa Médici, que actualmente alberga la Academia Francesa en Roma. Se puede realizar una visita guiada en español a horas programadas, o hacer el recorrido personal a través de galerías y jardines. El costo era de 12€, pero nosotros decidimos no hacerlo, pues nuestros intereses eran otros.

Al salir y para tomar un descanso, decidimos descansar un poco sobre una barda contigua a un lote baldío, el cual a su vez estaba rodeado de casas. En el único lote sin construir de toda Roma, decidimos tomar un descanso. El desnivel del lote era no menos de 3 metros, pero la sombra de algunos árboles hacía llamativo el poder retomar aliento antes de continuar. Nos dispusimos con mi esposa a sentarnos y colocar, entre otras cosas, mis lentes de sol en medio de ambos. Cuál fué la sorpresa que, al tomar el mapa un ligero aire romano (según ella) empujó mis gafas al vacío. Mi cara de asombro fue tal, que casi grité. Ni mi estatura de 1.84 mts más mi bastón de mi cámara GoPro serían suficientes, Como desesperado comencé a buscar la manera de ingresar a recuperar mis pertenencias, sin éxito. Por un momento pensé en lanzarme, pero el problema sería al tratar de salir, o peor aun, si me sorprendiera un Carabinieri. Un poco molesto y frustrado decidimos continuar la ruta.

A solo 5 minutos de Villa Medici y en pendiente por Viale della Trinita dei Monti, llegamos a Piazza del Popolo. Perfecta plaza con dos semicírculos, la misma forma que tiene la Plaza de San Pedro en el Vaticano. Con sus dos Iglesias Gemelas a un costado y el Obelisco de Ramsés II justo al centro de la plaza. Mi interés se basaba principalmente en ingresar a la Basílica de Santa Maria del Popolo, ubicada justo a un costado, entre la plaza y la Porta del Popolo, de la antigua muralla Aureliana. En su interior pudimos localizar la capilla Chigi (primer altar de la Ciencia jeje) el Habakuk de Bernini apuntando hacia San Pedro y en la capilla Cerasi, La Crucifixión de San Pedro, una obra maestra de Caravaggio. Y lo mejor, es gratis!

Justo a un costado de la Basílica se encuentra Esposizione Il Genio di Leonardo da Vinci. Uno de los muchos que se encuentran a lo largo del país. Ya que éste era nuestro último lugar del Domingo, y aún teníamos tiempo, aprovechamos para ingresar pues no estaba en el plan inicial. La entrada tiene un costo de 10€ y 5 adicionales por la audioguía en español. También la adquirimos, pues siempre he sentido fascinación por las contribuciones que éste personaje dió y ha continuado dando a la humanidad. El recorrido fué de una hora aproximadamente, tampoco es muy grande; quizá un total de 6 salas. En él encontrarás una gran cantidad de los bosquejos que dejó Leonardo Da Vinci, pero traídos a la realidad gracias a grandes inventores y carpinteros locales. La mayoría están diseñados en madera y van desde artefactos militares, trajes de buzo y artefactos de fuerza. La mayoría de las herramientas se pueden tocar y experimentar con ellas, lo cuál resulta interactivo. El precio me parece un poco elevado, pero si eres fanático, lo disfrutarás.

El calor continuaba fuerte, por lo que decidimos hacer uso de una costumbre muy italiana: comer un gelato. Ya que no teníamos ninguna referencia y todos parecían prácticamente lo mismo, decidimos ir al que más gente tuviese en la línea de espera, seguro iban a ser ricos. Y no decepcionaron. Por 4€ probamos los mundialmente conocidos gelatos italianos. Uno de pane para mí (sabor nutella) y uno de pistache para mi amada. En un cono con orilla de chocolate y nuez, una delicia !!!

Ya para terminar tomamos el metro en la estación Flaminio en dirección Anaginina para bajar en Vittorio Emanuele, sin complicaciones. Cenamos algo muy ligero, galletas con café que había en el hostal. Nuestro activo día concluyó poco después de las 8 pm. Y a tomar un rico baño, porque aún teníamos mucho por descubrir en Roma. Y de Italia.



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