Por Europa. Día 6: Cinque Terre

Riomaggiore, Italia.

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Este día no estaba del todo planeado hasta unos días antes, aunque sabíamos que Cinque Terre iba a estar en la ruta, éste era el día perfecto. Al final decidimos irnos con un grupo para evitar pérdidas de tiempo ya que queríamos visitar la mayor cantidad de pueblos costeros. Compramos el boleto a través de Ciao Florencia!. No estuvo del todo mal, pero no soy tan fan de ese tipo de viajes.

Con un costo de 89€ por persona, incluye prácticamente todo. El punto de encuentro fué Plaza Adua, justo frente a la estación Santa Maria Novella, la principal de Florencia, y a 2 cuadras de nuestro hostal. La hora de reunión fué a las 6:45 am. Como teníamos tiempo, frente a la estación y sobre Piazza della Stazione, localizamos un McCafe. Resultó una manera de economizar un poco el desayuno ya que se puede conseguir un café americano más un pan dulce por 2€. Lo aprovechamos y comimos antes de abordar el BUS, ya que arriba se encontraba prohibido, cosa que me pareció terrible.



Un poco después de las 7:20 am, comenzamos el viaje. Recorrimos paisajes hermosos que pertenecen a la región de la Toscana Italiana. Sobre todo Pistoia y Lucca, que sin duda estarán dentro de nuestra visita futura a Italia. El recorrido es realmente rápido, se realiza en 1 hora y 45 minutos sin paradas hasta nuestro primer pueblo que fué Manarola.

Cinque Terre se trata de 5 pueblos, de los cuales 4 se encuentran sobre el mar de Liguria y serían los que estaríamos visitando. Resultan ser pueblos pequeños y muy pintorescos, con casas de colores muy vivos y que, aunque cada uno tiene sus características, los fundadores basaron su economía en la pesca. Cada uno tiene sus platos típicos así como sus vinos, así que son espacios donde la gastronomía es uno de sus principales atractivos así como las hermosas vistas que se tienen desde ellos y desde el mar. Manarola tiene una pequeña bahía con aguas cristalinas, pero su mejor vista se logra llegando hacia el mar y, en lo alto, continuar por un sendero que funciona como mirador. Es sin duda su mejor vista.

En Cinque Terre cada pueblo tiene su estación de tren, así que por medio de ella tomamos el siguiente tren regional a las 10:40 am que nos llevó a Riomaggiore. En realidad los pueblos son muy parecidos, tienen las mismas características con callecitas con pendientes y muy pocos habitantes, en promedio unos 1500. Movernos de Manarola a Riomaggiore en tren no lleva más de 2 minutos. Realmente son cercanos. Además de los cerca de 40 metros de bahía, es necesario ir un poco a un costado de ésta donde se encuentra un pequeño puente que sirve de muelle para tomar un barco. En el precio, el barco estaba ya incluido. Así que lo aprovechamos y tuvimos unas vistas fantásticas desde el mar hacia Cinque Terre. Primero Riomaggiore, en barco regresamos a Manarola y después Vernazza, pero en ninguno descendimos, pues nuestro destino final era Monterosso. Entre Manarola y Vernazza se encuentra Corniglia, el único pueblo que no tiene acceso desde el mar.

Finalmente llegamos a Monterosso, ya era casi la 1 pm. Es por mucho el pueblo más grande y con mayor infraestructura, pues tiene playa y sobre ésta un sinfín de restaurantes con sombrillas. Descendimos sobre el puerto, a unos 500 metros de la playa. Cuando adquirimos el boleto teníamos la opción de hacer el recorrido con o sin comida. Sin comida eran 10 € menos. Dado que sería con comida típica, así lo hicimos. Apenas arribando al puerto y el guía nos indicó el restaurante donde se estaría sirviendo. El menú constaba de una sopa de mariscos típica de la región y Trofie, una pasta igualmente originaria de la Liguria, así como agua y vino blanco de la casa. Aquí pudimos compartir la mesa con una pareja de argentinos y otra de brasileños. Sin duda sirvió para recordar el español que comenzábamos a olvidar. Hubo un espacio de 2 horas libres para poder tomar el sol y poder dar un chapuzón en la playa, sin embargo, el agua era demasiado fría, no sé si por la época del año o en general es así, así que, aprovechamos para tomar descanso en un restaurante. Bajo una sombrilla, a falta de palapa, decidimos tomar algo y volver a comer. Pedí una Birra Moretti radler (con limón) que tenía un precio de 3.5€, así como una pizza por 6€. Mi esposa prefirió ensalada con camarones por 9€ y una coca-cola light por 4€.

A la hora pactada nos reunimos con el grupo para ir en tren hacia el último pueblo, Vernazza. A mi parecer es el más pequeño de todos y la tendencia se mantiene, una calle principal con comercios de todo tipo, principalmente de artesanía, y al final una pequeña bahía adornada por la antigua Iglesia de Santa Margarita de Antioquia. Tiene un toque especial ya que ésta es la cereza del pastel, muy pegadita al mar, lo que da una vista hermosa al comenzar a caer la tarde. Cinque Terre no estaba, para nada, decepcionando a pesar del mar de gente que lo visita día a día.

Cada lugar tiene lo suyo, pero en todos se conserva una magia pura, es un retroceso en el tiempo y una parada obligada en esta zona del país. Personalmente hasta hace no menos de un año supe de la existencia de estos lugares y desde ese tiempo supe que tenía que visitarlos. Pueblos pequeños, tal vez lo que más me gusta de mi estado de Michoacán en México, por lo que me pude identificar fácilmente. Pero el estar a la orilla del mar hace un distintivo único. He escuchado de personas que recomiendan estar una semana en esta región, o un día en cada pueblo. En uno nosotros recorrimos los 4 pueblos sobre el mar y pudimos ver un poco sobre la vida en cada uno, compartimos experiencias con locales y es lo que finalmente marca los viajes. Quizá dos días repartidos entre los pueblos serían lo ideal. Para mí, un día para cada uno sería excesivo, pues me sentiría un poco enclaustrado y no es mi tipo de viaje; para gustos, los colores.

En la mejor situación, este viaje lo hubiésemos hecho por separado con mi esposa, sin guía y sobre todo, sin grupo. Estar esperando personas o ir recortados de tiempo, no es mi manera favorita de viajar. Sin embargo, nos sirvió un poco para tomar un break en el viaje y olvidar por un momento el hecho de andar buscando tickets de tren de un día para otro, estaciones y demás, aquello que hace un recorrido de un día un poco más largo. El precio si me pareció un poco exagerado, pero es así. Pagamos a un guía que no nos sirvió para nada, más que para llevar los trayectos entre BUS, tren y barco. Igualmente lo disfrutamos mucho con mi pareja.

En Vernazza tomamos un tren que tomaríamos hasta la última parada en La Spezia, a casi 20 minutos. En punto de las 5 pm descendimos y tomamos el Bus que por la mañana nos había dejado en Manarola. Directamente hasta Florencia donde terminaría el recorrido y para nosotros, el día viajero. Para cenar regresamos al McCafé frente a la estación de Santa Maria Novella y por menos de 10€ nos hicimos de un par de pan dulce para cada uno, así como capuchinos y hasta un refresco para mí.

Il Ghiro tiene una sala común con una computadora para el uso de los huéspedes además de un montón de información turística. Material a nuestra disposición entre trípticos, folletos de museos y mapas, que al arribar temprano a el hotel, nos permitieron planificar el siguiente día por la ciudad de Florencia. Cinque Terre no había sido una sorpresa, pues las imágenes que habíamos visto no le hacen honor a lo bonito y pintoresco que resulta cada pueblo, así que verlo en vivo había sido, hasta ese entonces, algo de todo lo bueno que Italia aun tenía para nosotros.

Galeria Cinque Terre



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